Por Sergio Benito*

Siempre me ha apasionado mi profesión de chef, he trabajado duro en restaurantes y hoteles de toda Europa, pero no dejaba de verle un punto frío y distante a todo lo que allí se servía, aunque fueran estas las mejores viandas, pero,
¿cómo unir gastronomía y calidez?

El ambiente familiar fue mi punto de partida para la idea de chef privado

Dándole vueltas al tema, un día, mientras cocinaba en casa para la familia, me di cuenta de que lo que hacía falta era crear un clima familiar, tranquilo, agusto y cómodo, un lugar donde el cliente se sienta como en casa.
La idea fue tomando forma y seguí documentándome y llegué hasta el movimiento food-sharing donde la idea principal es compartir tu casa para un grupo de personas, donde no hay intereses económicos, si no que se comparten los gastos entre todos los comensales. La idea me gustó mucho y realicé varias cenas de personas muy lanzadas a probar experiencias novedosas, pero ya está, se quedó en eso, un grupo de personas probando experiencias novedosas. La sociedad en España es aún muy conservadora a la hora de ir a comer a casa de un desconocido por mucho nombre que tenga el chef.

Es difícil entrar en las casas de los demás y por eso continué dándole vueltas a cómo favorecer aún mucho más para que el cliente se sintiera cómodo, a gusto, pero encima con un toque de familiaridad. Así llegué al camino que hoy sigo practicando: el chef privado (que no a domicilio).

Hablamos del año 2013, y por aquel entonces en Madrid era casi imposible encontrar clientes que te abrieran las puertas de sus casas y la llave de sus cocinas a un chef desconocido, para promocionar el servicio tuve que recurrir a empresas que ofertan promociones a muy bajo coste y a un alto porcentaje de comisión. Ese fue un grave error ya que los clientes que surgieron fuero clientes que sólo les interesaba la oferta, nunca volverían a comprar unos servicios al precio real de su valor.

Los comienzos no fueron fáciles

Durante ese tiempo recuerdo con cariño (ahora sí que me rio) que comenzamos dando un servicio de chef privado sin disponer ni siquiera de vehículo, debía dejármelo mi hermana o mi padre, esperando a que se quedara libre para ir a buscarlo, cargar como podía todo el material en un espacio muy reducido e ir a dar el servicio.

Usaba maletas de las de viajes y tupper de muy mala calidad para transportar todos los alimentos y material necesario para cocinar. Aunque siempre mantenía al máximo la calidad de los alimentos y evitaba perder en demasía la cadena del frío. Siempre se empieza por algún lado y los comienzos no son fáciles.

Me viene a la mente uno de esos servicios que tenía que ir a la Latina (en pleno centro de Madrid) un sábado por la noche, prácticamente imposible aparcar, al final aparcamos lejísimos y tuvimos que ir cargados con la bandeja de la masa de pizza y las maletas del material que apenas rodaban las ruedas casi 2 kilómetros cuesta arriba por unas calles empedradas para acabar dando un servicio de 10, unos clientes satisfechos y el sentimiento de haber hecho algo bueno.

También recuerdo con cariño un servicio que me contrataron para ir a cocinar a una finca que no tenía casa si no que era una caravana con la peor infraestructura de cocina posible y una barbacoa que se caía a trozos, no tenían horno y me habían dicho que sí, y solo había un microondas y tuve que hacer las quiches al microondas en el modo gratinador y quedaron perfectas. Desde ese momento me considero un chef todoterreno porque lo que he visto en mis andanzas da para un libro.

chef privado trabajando
Aquí yo cocinando una quiche en microondas
cocinando con microondas
Con la quiche ya lista

No todo es como lo pintan, pero disfruto de lo que hago

Que no te engañen, ser chef privado es mucho más que ir a casa de unas personas a cocinar y te entran muchas dudas:
Cómo será el horno, será inducción, será vitrocerámica, serán fuegos de gas. ¿Tendrá ollas y sartenes buenas o tendré que cargar con media cocina mía?
¿Habrá sitio de emplatado? ¿El cliente tendrá vajilla suficiente?

No es nada parecido a como nos venden la imagen de llego y me pongo a cocinar, hay que controlar mucho el gasto, ir a la compra, seleccionar cada artículo, preparar una mise en place previa y adelantar bastante trabajo, cada día de servicio se traduce en 2 días de trabajo duro como poco.

El tiempo te va dando la experiencia y acabas disfrutando de lo que haces, los orígenes son duros pero la consecuencia es muy gratificante. Al final acabas haciendo una cartera de clientes que valoran tu trabajo y pagan un precio justo por tu servicio y por tu labor.

También los hay que quieren sacarte todo lo posible al más bajo coste e incluso te llegan a regatear una o 2 croquetas por ración para ver si asi les ajustas el precio.
Varios años después, animo a cualquiera que desee probar suerte en el mundo del chef privado a que lo haga, a que luche por ello y a que, aunque las condiciones sean muy desfavorables, nunca tire la toalla.

 

 

 

*Sergio Benito es un chef privado de Madrid. Ya desde bien pequeño despuntaba a la hora de cocinar, aunque por aquel entonces más que cocinero era cocinillas y algún que otro susto y accidente provocó. A los 17 años le llego su primera oportunidad laboral en una pastelería y desde entonces ha ido creciendo en busca de nuevos retos, proyectos y trabajos, llevándolo por cocinas de restaurantes y hoteles de alto nivel a lo ancho y largo de Europa. Hoy en día es considerado un artesano de la gastronomía que cocina acorde con una alimentación sostenible, real y artesana, basada en el movimiento conocido como “RealFood”. Uno de sus puntos más fuertes es sin duda el maridaje de sus platos con los panes caseros que desde sus orígenes han ido ligados a él.