La historia de Anita Epulef emociona. Ella vive en Curarrehue, en la región de la Araucanía, al sur de Chile. Su tierra es un entorno de bosques de araucarias, árboles que parecen sacados del mundo jurásico, lagos, ríos y volcanes con picos nevados. Aquí se respira y se siente naturaleza pura.

 

TEXT AND PHOTOS: Fabiola Gálvez

 

Cuando uno viaja para acá, también se encuentra con el corazón de la comunidad mapuche, históricamente, pueblo que no ha contado con un necesario apoyo por parte del gobierno chileno. Pero la iniciativa de Anita y su cocina, está sirviendo para que su cultura se redescubra.

La cocina mapuche es gastronomía viva. Única, que cada cocinera interpreta a su manera pues apenas se tienen recetas. Aquí se trabaja con los recuerdos de la niñez, y cómo siente el corazón.

Cada año llegan visitantes de todo el mundo para vivir la experiencia, y estudiantes, ya que además del servicio de restaurante también ofrece talleres para los que deseen aprender cómo es la vida mapuche. Forma parte del movimiento slow food y viaja a países europeos a difundir su cultura. El año pasado, Anita participó en la promoción de la Marca Chile. Un buen augurio para el mundo occidental y el mundo mapuche.

 

¿Qué significa ser mapuche?

Los mapuches decimos que el “küme mongen” es el estado de equilibrio con todas las vidas que existen, eso es lo que nosotros llamamos “estar bien”, y los de otra cultura, dicen “calidad de vida”. Yo he salido un poco más allá y he visto a otra gente también, vemos que hay mucha desconexión de los seres humanos con su Madre Tierra y esto está más que dañando todos los ecosistemas. Entonces, si vamos perdiendo estos saberes que tenían los pueblos originarios, no sé para dónde va, y eso no es que lo hagan otros sino que ya está muy insertado acá también, a través de lo que yo dije antes, la vida muy acelerada, por eso siento más responsabilidad en arraigarse en la tierra, y es lo que hoy día yo siento ser mapuche.

 

¿Cuándo comenzó con esta aventura?

Yo comencé a trabajar hace 14 años atrás, estaba ayudando para que se levantara un centro cultural en Curarrehue, que fortalece las comunidades acá, y el lugar era tan bonito que llamó la atención rápidamente en la región y del país, porque dice mucho de lo que es la cosmovisión mapuche. Allí me invitaron a trabajar y entonces venían muchos visitantes y me veían a mí también ofreciendo algo que es muy alternativo, si pueden tomar mate, si pueden tomar una tortilla, y así empezó a correrse la voz.

 

¿A través de la comida está difundiendo su cultura?

Sí, o creando espacios de diálogo que ellos (Gobierno) no han hecho. En Chile hay muchos museos de patrimonio, pero yo creo que hay que mirar un poquito por el origen.

 

¿Qué es lo que quiere contar a través de la cocina mapuche?

Tú ves este lugar [el restaurante] y no está aquí lleno de gente porque no es lo que nosotros perseguimos. La gente que llega aquí lo hace porque tiene una búsqueda más especial sobre una experiencia alimentaria, y también por lo que nosotros hemos enseñado y transmitido, la estacionalidad de la naturaleza, allá afuera, está diciendo lo que nosotros vamos a comer si hubo frutos y hay recolección, pero cuando no hay recolección, no tenemos la comida, entonces yo traigo un fruto del bosque y lo ofrezco acá. Es contar a la gente que eso somos nosotros: la comida, los tiempos, los climas, las estaciones, la vida mapuche, pero también queremos decir que eso es de lo que nosotros hablamos cuando defendemos que hay que cuidar el agua y preservar los bosques nativos.

 

 

Pisku, un plato que probamos de su menú.  ¿Me puede comentar sobre él?

Es muy representativo de la zona de la cordillera, es un plato que se hace con la base de algún cereal, que en tiempo de verano y otoño es más fresco, pero en otras estaciones son cereales de guarda con un ahumado especial, los tostamos o precocemos para secar y guardar. Así que entonces tiene distintos sabores a lo largo del año, pero ahora por ejemplo lo que comiste es de cereales más frescos, no están secos sino que están recolectados y trabajados. Los porotos, las arvejas, el maíz, … todo esto se puede trabajar así.

 

Entonces, ¿la comida mapuche está basada en cereales?

Claro, lo que yo traté de conservar aquí también es una comida estacional que uno puede comer, durante el año, platos diferentes y no solamente carne, porque la carne nosotros la comemos en invierno, cuando la tierra está allí tranquila y no hay mucho donde buscar. Hoy en día la carne está asociada a ceremonias, a los ritos, o cuando hay mucha gente que alimentar.

 

¿Y las bebidas?

Para nosotros las bebidas son aparte de las comidas, de niños sólo tomamos agua, y a partir de los diez años, mate. De adultos, chicha de manzana o membrillo. Ni siquiera las comidas dulces (postres), se toman junto a la comida principal, sino como un almuerzo de media mañana porque la vida empieza muy temprano.

Así que, no mezclamos el dulce con el salado, ni líquidos con comida caliente, pero aquí a la gente que viene a visitarnos como usted le ponemos más variedad de producto. En realidad, nosotros no comemos así. Por ejemplo, un plato de pisku y sólo eso. O si hay piñones cocidos que es el pan que más se usa acá, uno pone un plato de piñones y pone una sopa ligera, y eso es el almuerzo. O los choclos, el maíz se cuecen y puedes comer uno o dos de eso y ya está.

Algunas veces, me piden Coca Cola, y les digo que no hay porque no sé prepararlo. [Se sonríe]

 

¿Cómo aprendió a cocinar?

Mi abuela nunca me dijo: “ven para acá yo te voy a enseñar a cocinar, esto se hace así, aquí tienes que mover, …”. No, ella cocinaba nomás, pero como uno siente desde más pequeño, una conexión, yo recuerdo después de grande que esos fueron mis aprendizajes. Siento que quiero cocinar y reconozco y voy a buscar las hierbas para ello, voy sintiendo olores y me recuerda a algo que ya había preparado… Con eso o imaginación sobre ese plato, creatividad. Pero también era la orden mi mamá: “¿Cómo te voy a enseñar a cocinar? Tú tienes que hacerlo, anda a buscar papas”- “¿Pero qué hago?” Y es así como uno va creando su propia cocina. En general, aquí no hay recetas que se establecen de alguna manera, aunque hay algunas como el mote, pero ni siquiera, porque hay algunas mujeres que les gusta limpiar el trigo con una ceniza, y a otras les queda mejor con la otra, y las cocciones, aquí y allá, yo con las recetas no me meto porque cada uno es, eso te tiene que nacer de acá. [Se señala el corazón]

Hoy siento mucho agradecimiento y guardé mucho de esa memoria. La cocina es así una memoria, y allí aflora una acción.

 

¿Quiénes más vienen al restaurante? ¿Turistas, chilenos, mapuches?

Los mapuches no tanto, porque no tenemos esa costumbre de ir a comer a un lugar. Los que vienen más son turistas, estudiantes de turismo, de alimentación, … Hay otros estudiantes que viajan para hacer viajes culturales, yo misma trabajo en tiempo de invierno con estudiantes, que vienen para conocer y experimentar.

 

¿Qué podemos encontrar en sus talleres?

Abrimos tiempo de escuela, de talleres, de cocina, invitamos a la gente a conocer productos, probar distinto, a dar ideas de cómo usarías quinua, el maíz seco, los piñones, las papas, las avellanas, frutos silvestres, cómo se recolectan, en qué momento, cuánto y para qué, hacemos como tiempos distintos.