La comida de hospital tiene fama de mala calidad y se suele decir que no ayuda en la recuperación. Joshna Maharaj, una gastroactivista canadiense y extrabajadora de una cocina de hospital, se ha propuesto cambiar esta realidad usando medios sencillos para que la gastronomía de calidad tenga su lugar en los hospitales.

¿Qué pasa con el menú de los hospitales?

Si has estado alguna vez ingresado durante un buen tiempo, seguramente no tendrás el recuerdo de haber comido unos platos excelentes. El pan duele estar blando, las verduras demasiado cocidas y no suelen saber a nada, y el emplatado tiene la pinta de haberse echo con poco gusto. Tampoco nos debemos olvidar de que los trabajadores de los comedores suelen trabajar bajo mucha presión, a contrarreloj, y que es difícil poder ofrecer una comida de gran calidad. Pero la alimentación es uno de los pilares de una recuperación rápida, debe ayudar a los pacientes a superar el bache y a mejorarse lo más pronto posible. Sin embargo, la realidad es muy distinta. Además de que, muchas veces, dependiendo del hospital, el paciente se ve obligado a tragar lo que le ponen en el plato sin tiempo para poder comer con calma, algo, que, estando enfermo, es esencial.

 

Comida de hospital servida en una bandeja.
A más de uno nos gustaría que la comida de hospital tuviera esta pinta.

Joshna Maharaj, al rescate de la comida de hospital

Joshna Maharaj es una gastroactivista de Toronto, Canadá, y, en su opinión, los chistes que se hacen sobre la comida de hospital son un daño colateral que tienen que soportar los centros. Según Maharaj, el pan blando y el queso de color raro son las anécdotas más llevaderas que te pueden suceder.

El objetivo de Maharaj es rescatar la comida de hospital de lo que se ha convertido en nuestros días: “Las instituciones públicas pueden ofrecer alimentos de mejor calidad, no se trata de ningún truco de magia, no tiene por qué derivar en costes adicionales”. Los recursos se deberían utilizar con sentido común y la rentabilidad debería quedar en segundo plano, lo más importante es que ayude durante la recuperación y que el paciente quede satisfecho con las comidas.

Joshna Maharaj ha diseñado un menú pensado para todos los países del mundo y que se puede adaptar según las circunstancias de cada país y de cada lugar, dependiendo del presupuesto del hospital y del producto del que disponen en la región.

Por productos de calidad

Parece que lograr que sirvan una comida de hospital de calidad y que abra el apetito no es misión imposible. Según los cálculos hechos por la canadiense, si cada hospital de Toronto utilizara productos frescos y contratra un equipo de cocina con una formación profesional, tendría solo unos gastos de 37 céntimos más por plato.

De sus días como cocinera en un hospital cuenta Joshna, que, servían las manzanas en rodajas metidas en bolsas de plástico. Ella empezó a servir las manzanas enteras con una nota del hortelano que les deseaba una pronta recuperación. Y es, que, muchas veces, lo sencillo es lo que mejor respuesta tiene. ¡Salvemos la comida de hospital!